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Praxis



Sin práctica, toda enseñanza pasa a ser sólo palabras destinadas a nutrir el Aparato Formatorio. Al desencarnar, sólo nos llevamos a otra vida lo asimilado por la práctica.
Todo lo grabado por la memoria en el Aparato Formatorio, se pierde. Al volver a encarnar, nos dan un computador nuevo (un nuevo cerebro) con un disco duro en cero, el que tendremos que volver a llenar de palabras.

Si sólo memorizamos la enseñanza recibida, es peor que no saber nada, porque nos confiamos en que basta leer o escuchar algo para incorporarlo como enseñanza. El empapelarnos con fotocopias no nos hace más sabios.

Este cuerpo que habitamos es nuestro gran aliado para vivir en el Aquí y el Ahora. Él sólo puede vivir en el Presente. Tenemos que empezar por relacionarnos con él y conocerlo.

En primer lugar, es una dupla formada por el cuerpo físico-denso - este cuerpo de
carne que podemos ver y tocar - y el cuerpo físico etérico, que es el cuerpo vital.
El cuerpo vital interpenetra al cuerpo físico-denso como una malla formada por una serie de conductos por los que fluye la energía vital, energía 7, prana, chi o ki, que es la vida de ese cuerpo.

Estos conductos son llamados “nadis” por los hindúes y “meridianos” por los chinos.
Cuando la energía vital se atasca en ellos y no fluye apropiadamente, se originan las enfermedades del cuerpo físico-denso. Hay distintas técnicas o terapias corporales orientales destinadas a desbloquear esta energía y a devolvernos la salud. La más importante es la Acupuntura con una antigüedad de más de cinco mil años, que es la base de varias otras, como Hatha Yoga, Reiki, Shiatsu, etc.

Gurdjieff nos entregó el Ejercicio no sólo para hacer trabajar los cuatro Centros en equipo, sino además como una técnica para contactarnos con nuestro cuerpo etérico y hacernos conscientes de él. Está publicado en Revista Alcione Nº 8, Curso de Crecimiento Personal.

La trampita está en que ser conscientes de nuestro cuerpo etérico, o sea, percibir su vibración, sólo se puede hacer en el presente. Los monjes budistas usan esa técnica como preparación para la meditación. No sólo los sitúa en el Aquí y el Ahora, sino que disciplina la mente vagabunda y la hacen fijarse en un punto - etapa previa de la meditación hindú – (leer Yoga Sutras de Patanjali).

Al hacer el Ejercicio, nos tenemos que quedar atentos al lugar pre-establecido hasta que nos responda con su vibración. Sólo entonces pasamos al lugar siguiente. En general, lo que hacen los alumnos es visualizar el cuerpo y recorrerlo con el pensamiento. Así pueden dar tres vueltas en media hora. Eso es “mentirse a sí mismo”.

Tenemos que saber que el cuerpo etérico tiene la misma forma que el físico denso, pero es una a dos pulgadas más grande que éste. Termina “más allá”, por decirlo de alguna manera. Ocupamos más lugar del que creemos. Ese margen sobrante que excede al físico denso constituye el aura etérica o aura de la salud. Es más o menos ancha y brillante; según sea la vitalidad de la persona. No sólo pueden verla los clarividentes. También es posible - bajo ciertas condiciones de semipenumbra - que podamos ver (sin ser clarividentes) el aura de otros y, aún, la propia. Al extender una mano contra un fondo oscuro, podemos ver que emana, desde el extremo de los dedos y desde la palma de la mano, un vaho gris azulado, como el humo del cigarrillo antes de ser aspirado.

Pasen la mano derecha por delante de la cara, sin rozarla, describiendo unos tres o cuatro círculos. Es la mano etérica tocando la cara etérica. Pongan atención ¿sienten algo?

Acerquen las palmas de las manos lo más posible sin tocarlas y lentamente las van alejando y acercando como si estuvieran tocando un mini acordeón ¿qué va de la una a la otra?

Coloquen la mano derecha sobre la fontanela (mollera) lo más cerca posible sobre el pelo sin rozarlo. Suban y bajen la mano unos cinco centímetros lentamente ¿qué sienten?. Lo que hayan sentido – si lo sintieron - es la vibración del cuerpo etérico que ha sido estimulada por la proximidad de la mano etérica. Se espera en el ejercicio de Gurdjieff que este mismo efecto se produzca por la acción del pensamiento concentrado atentamente en un lugar de nuestro cuerpo. El conseguirlo nos abre la puerta a otro nivel de consciencia, el del plano etérico donde ocurren eventos no posibles en la tercera dimensión: estímulo de los chakras, sanaciones, telepatía, acceso a la cuarta dimensión, etc.

Un excelente despertador para salir de este sueño hipnótico que llamamos “vigilia” es pasar nuestra mano etérica por delante de nuestra cara etérica, - la cara vibra así más fácilmente que con el pensamiento concentrado - y decir: “yo, detrás de esta máscara”. Esto hace suponer: “yo, el espectador, mirando el mundo desde dentro de mi cuerpo interno, mi cuerpo etérico”.

Samú

No se trata de llenar la vida de hechos extraordinarios sino de transformar en extraordinarios los hechos cotidianos. Hacer cada cosa por insignificante que parezca como si fuera lo más importante del mundo. Eso en el budismo zen se llama samú. La atención y cuidado que ponemos en ello hace que lo que parecía trivial se transforme en trascendente. Las tareas domésticas son un excelente campo de ejercicio. Un médico cirujano nos contaba en un Grupo que, cuando tenían invitados en su casa, se ofrecía después que se iban para ir a la cocina a secar los platos. Y los secaba con la misma concentración y acuciosidad que ponía en una operación de cirugía mayor. “Es mi mejor oportunidad para practicar samú y no me la pierdo”, agregaba.

Cada vez que nos enseñan una técnica que – se supone – nos ayudaría a crecer, nos están enseñando un “cómo”, y eso es “praxis”. Está bien, pero junto con ese “cómo” tienen que enseñarnos un “porqué”. Si no, esa técnica pasa a ser “el entrenamiento de un mono sabio” como lo llamaba Krishnamurti. Él decía que, si se viste a un mono con un traje de hombre elegante, zapatos, tarro de pelo, guantes, etc., se le entrega un puro, se le sienta en un sillón y se le muestra la actitud que debe tomar, el mono se arrellenará echado hacia atrás, de pierna encima, y fumará su puro con deleite contemplando los anillos de humo que lanza al aire. Hará todo lo que hace un hombre, pero… seguirá siendo un mono.

¿Cuál es el “porqué” que hay detrás del samú?
Imaginemos que en una hora de concentración cuidadosa, lo que Gurdjieff llamaba “atención dirigida”, la misma del Ejercicio del que ya hablamos, producimos 60 unidades de energía. Si la tarea que tenemos entre manos es difícil (como una operación de cirugía mayor) gastamos toda esa energía en hacerla bien. Y eso es lo correcto. Pero si es una tarea de las que llamamos “trivial” – como secar platos – sólo gastaremos 2 unidades de esa energía. ¿Y que pasa con el resto que nos sobra? Lo capitalizamos en la parte Intelectual de nuestro Centro Intelectual como Energía 4 – la Energía de la Autoconsciencia. Al acumularse, va nutriendo nuestra Voluntad (así con mayúscula) y con ella vamos creando un Yo Permanente, el Mayordomo, el Hombre 4.

Ciclos ultradianos

Empezaremos hablando de los ciclos circadianos, que son los que regulan el sueño y la vigilia cada 24 horas. En promedio, son 6 a 8 horas de sueño y 16 a 18 horas de vigilia para adultos.

Es útil compararlos con los Centros de Gurdjieff:

Centro Instintivo----->0 a 6 horas------->Dormir reponiendo energías
Centro Motriz-------->6 a 12 horas------>Actividad Física
Centro Emocional---->12 a 18 horas----->Actividad Social (relación con personas)
Centro Intelectual---->18 a 24 horas----->Estudio – Lectura

Al adaptarnos a esos horarios, sacamos el máximo provecho de nuestro esfuerzo.

Recuerden que Gurdjieff decía que a cada lado de esos centros había un acumulador. Al usar el centro, se va descargando uno de esos acumuladores – digamos - el de la derecha. Sobreviene una baja de actividad – un bostezo, o algo así - y luego nos pasamos al acumulador de la izquierda. Mientras tanto, se recarga el de la derecha, conectándose al gran acumulador (Hara), igual que la batería de un celular.

Al descargarse el acumulador de la izquierda, se repite el proceso a la inversa. Lo sensato es respetar estas pausas de cambio de un acumulador a otro y no seguir dándole como caja a un acumulador agotado.

Estas pausas son los ciclos ultradianos. Está científicamente comprobado que cada 90 minutos, contando desde la hora en que despertamos en la mañana, nuestro cuerpo nos pide un “release”. Son de 5 a 15 minutos en que nos pasamos de la mente consciente a la mente inconsciente. Es un ligero estado de trance que puede ser aprovechado por psiquiatras expertos, como Milton Ericsson. Él hacía reuniones de dos horas para aprovechar el ciclo ultradiano que tenía que aparecer en ese lapso, manifestándose en el paciente como un bostezo, una baja de atención o el blanquear los ojos, (las pupilas se van hacia arriba, dejando un borde blanco por debajo).

El no respetar esos momentos de descanso que nos pide el cuerpo lleva al stress. Sería difícil aceptarlos todos. Por lo menos debemos considerar los tres principales: a media mañana, tipo 11, el “break coffee” de las oficinas; el de las 14 a 15 horas después del almuerzo (siesta) y el crepúsculo (hora ideal para hacer meditación).

La gente trata de llenar ese bajón con un café, un trago, un cigarrillo u otro estimulante, que es como darle un picanazo al buey cansado. Lo ideal es relajarse, colocándose las manos sobre los ojos, si se está solo. Al relajarlos, se relaja el cuerpo entero porque está todo representado en el ojo (iriología). Para eso se colocan ambas manos ahuecadas sobre los ojos cerrados y se respira hacia allá. Cuando estamos tensos, nuestros ojos están duros y fríos. Con la imposición de las manos, se entibian y ablandan. Los sentimos entonces como postre de gelatina recién hecho.

Conviene estar atento durante el día a la aparición de estos ciclos ultradianos, por lo menos a los tres principales ya mencionados, y respetarlos. Después de un breve descanso, nos sentiremos con renovadas energías.

El Pasado y el Futuro.

Haz del ahora el centro fundamental de tu vida. En vez de vivir muy brevemente en el ahora y pasar larga y casi permanentemente en el pasado y el futuro, trata de vivir permanentemente en el Ahora.

¿ Qué encuentras en el pasado ?
- El recuerdo doloroso de sufrimientos ya idos;
- Nostalgias por buenos momentos que ya no se repetirán.

¿ Qué encuentras en el futuro ?
- La ilusión de metas fantasiosas que tal vez nunca se realicen
- Temor por hechos futuros que no puedes controlar como fracasos, enfermedades,
alejamiento de seres queridos, etc.

Si sufres a cuenta de un hecho penoso el que temes que ocurra, piensa que si el hecho sucede, nadie te va a descontar lo que ya sufriste, y si el hecho no ocurre, nadie te devuelve tu cuota adelantada de sufrimiento.

Estas visitas al pasado y al futuro, ocurren en nuestra mente y el relato de ellas es la charla interior que ya hemos estudiado. Es el incansable cuenta-cuentos que con su cháchara, nos distrae del presente que estamos viviendo. No pongas atención a lo que oyes o el cuenta-cuentos te atrapará en un monólogo interminable. Como consecuencia, la relación con el pasado se deforma, tergiversándolo, y ya no es un reflejo fiel de lo que realmente ocurrió.

En relación al futuro, están las esperanzas que nunca se cumplen y, que si se llegan a cumplir, van a ser de manera diferente a como lo esperábamos. O hechos penosos que tratamos de prever de la manera más inteligente para evitar que ocurran. Tomamos pólizas de seguro, de nuestra casa, nuestro auto, de salud, de vida, etc. pero sucede que nuestra pareja se va con otra persona... y eso no estaba contemplado.

“El Universo es dramático porque suceden cosas impredecibles, si no, no lo sería” (Bennett)

“Vamos tan acelerados por la vida, que no vemos las florecillas que hay en la vera del camino” (Proverbio Zen).

“El corazón tiene razones que la razón desconoce”. (Blas Pascal)

Nosotros le hemos dado prioridad al hecho de observar nuestras emociones. Estas son más fáciles de ver porque se están moviendo permanentemente pero no son confiables, ya que casi siempre nos arrastran a interpretaciones equivocadas. Por ejemplo: “mentirse a sí mismo”, (te pasas una película, te la crees, y la cuentas como verdad); pero nuestro cuerpo etérico, está siempre allí, desde que nacemos hasta que morimos, fluye en forma ininterrumpida y su detención es la muerte.

Paso a paso vamos tratando de acercarnos a estar presentes en el ahora y nuestro gran aliado es el cuerpo etérico. Cada vez que yo enfatizo el cuerpo etérico, estoy remarcando la importancia de la meta que queremos alcanzar y las tareas sucesivas son pasos dirigidos a esa meta. Conviene ver como evadimos lo que el presente nos está entregando de instante en instante. Si lo miramos con discernimiento, vemos que todas son enseñanzas que la vida nos entrega.

Es el cuerpo etérico el ancla valiosa que nos arraiga en el presente, por ejemplo: el dolor está en el cuerpo etérico. Si me duele una muela, toda mi percepción se centra en el dolor, todo lo demás me importa un cuesco y me duele ahora, no ayer ni mañana.

Miedo.

Ya hemos visto el pasado y el futuro, ahora nos vamos a centrar en el presente, en el momento a momento, y eso nos hace tomar consciencia de los obstáculos que la vida nos va presentando como una manera de educarnos. Mientras no superemos un determinado obstáculo, ya sea externo o interno, este seguirá presentándose obstinadamente y nosotros somos genios en la habilidad que tenemos para eludirlos, mal interpretarlos, pasarlos por alto, hacer como que no existen, de modo de no tener que introducir ningún cambio en nuestra conducta.

Al intentar superar un obstáculo, nos encontramos con inconvenientes producidos por un “no yo” externo o un “no yo” interno. Ejemplo: Si al pedir un aumento de sueldo el jefe nos ladra y nos manda fuera de la oficina, estamos frente a un obstáculo externo; pero si nos paseamos por delante de la puerta de su oficina, una hora y no nos atrevemos a entrar, entonces el obstáculo es interno.

Otros impedimentos internos que nos parecen no estar relacionados entre sí, como la inseguridad, la baja autoestima, la falta de conocimientos adecuados para un tema determinado, etc. tienen como base para todos ellos el miedo.

Otros grandes miedos son el miedo a la soledad, a la pobreza, a morir en un asilo de ancianos, a la invalidez, etc. Son expectaciones catastróficas que sólo existen en nuestra mente. En vez de lamentarnos de nuestra triste suerte en un momento dado, procuremos darnos cuenta qué es lo que tenemos que hacer para revertir esta situación que nos aflige.

La mente siempre trata de negar el ahora, el presente, y de escapar de él. Evadimos los obstáculos presentes, le hacemos el quite, le quitamos el cuerpo a la jeringa, o culpamos a otros, sin comprender que frente a la dificultad está la oportunidad de superarla, con miras a nuestro crecimiento. La podemos superar actuando desde el Aquí y el Ahora, usando nuestro momento presente, el cual está limpio de todas las dificultades previstas por la imaginación negativa.

Como complemento a lo ya dicho, lean en el Sitio, tema Historias, el cuento “La Doma del Caballo”. En él vemos que ese animal – en vez de superar un obstáculo, como era saltar una valla - pasaba por encima una pata tras otra, igual que si ella no existiera.

En otras palabras, cuanto más te identificas con tu mente, más sufres. O puedes decirlo de otro modo; cuanto más capaz seas de valorar y aceptar el presente, más libre estarás del dolor y del sufrimiento, más libre de las maquinaciones de tu mente.

Superación del Miedo.

El superar el miedo, nace del miedo puntual que cada uno tiene, primero hay que discernir si esos miedos son objetivos o subjetivos.

Los miedos objetivos se solucionan con soluciones objetivas, por ejemplo, si temo tener una enfermedad, voy al médico y me hago los exámenes correspondientes despejando el miedo.

Para poder superar los miedos subjetivos hay que saber cuales son. Cómo el hombre que se atormenta pensando que está loco y que no se atreve a ir al psiquiatra. El miedo a estarlo y hablarlo con el médico, demuestra que no lo está, pues el loco real cree que todos están locos menos él.

El miedo generalizado es el miedo a la muerte pero la muerte es un suceso inevitable, todos tenemos que morir. Si tenemos la convicción verdadera de que simplemente pasamos a otra dimensión y después regresamos ¿dónde queda el miedo?

Hay quienes ven la muerte como una instancia dulce, apacible, un dormirse en… A menudo se piensa en la muerte como un castigo, sin embargo no son pocas las personas con vidas licenciosas que han sido motivo de escándalo, que mueren dulcemente sin una enfermedad aparente, simplemente se duermen como un niño pequeño en el regazo de su madre. En cambio, otros con vidas ejemplares sufren terriblemente: Ramana Maharshi, Juan Pablo II, Padre Hurtado, etc.

Ahora que hemos determinado cuales son nuestros miedos, tenemos que tomar medidas para superarlos uno a uno. Hablando del miedo generalizado que todos tenemos; el miedo a la muerte, y que se supone que está camuflado detrás de todos los otros miedos de menor cuantía, el hecho de estar comprometidos de verdad en un camino de crecimiento evolutivo basado en la reencarnación, es la única manera de superarlo. Entonces consideramos que cada vida es un año de escuela. Existen además las experiencias cercanas a la muerte; el infartado, o anestesiado, que se desdobla. Personas confiables que se comunican con los muertos, nos han dicho que los recién desencarnados hablan de la felicidad de estar fuera de la jaula del cuerpo.: “Todo el espacio es mío…, donde pienso estar, allí estoy…” Obvio, se está en los cuerpos sutiles (emocional y mental) que son gaseosos y que se pueden expandir.

Frente al miedo subjetivo hay que enfrentar la realidad que nos produce ese miedo. Nuestros miedos se sostienen por nuestra evasión de ese momento. Debemos enfrentar aquello que nos atemoriza. Muchas veces basta un cambio de enfoque mental. “Si algo exterior te atormenta, no es el hecho en sí el origen de tu tormento sino la manera que tienes de considerarlo. Manera que puedes cambiar en cuanto te lo propongas, con lo que cesará tu tormento” (Marco Aurelio).

Cuáles son mis metas.

Otra manera de superar el miedo es fijarse metas; las que pueden ser un arma de doble filo, pues si las situamos en un futuro remoto, no nos sirven de nada. Además debemos observar si tenemos metas y cuáles son y si son convergentes o divergentes.

- Convergentes; cuando una meta apoya a la otra;
- Divergentes; cuando van en sentido contrario

En el primer caso el ejemplo sería: tengo una profesión en la que trabajo con gente. Soy Educador, Psicólogo, Médico, etc., quiero ser eficiente y ayudar de verdad a las personas y además sigo un camino de crecimiento personal. Es obvio que una meta refuerza a la otra.

Un ejemplo de meta divergente sería: una mujer que se esfuerza por una carrera profesional exitosa y a la vez quiere tener una feliz vida familiar. Una meta va en desmedro de la otra.

Y por último observa en qué etapa de nuestra vida a futuro, situamos nuestras metas; un mes, un año, cinco años, algún día….

En relación con las metas.

Hay una meta en relación con nosotros, la que todos deberíamos saber que tenemos: es nuestra evolución espiritual. Lo que Ken Wilber llama Proyecto Atman, o sea desarrollar la chispa divina que hay en nosotros. Eso requiere una cantidad indeterminada de vidas, pero hay otras metas convergentes a esa, más próximas, como la del Nodo Norte. Afortunados los que saben donde está su Nodo Norte y cual es el camino que les marca.

Hay otra más próxima todavía, que es la meta de esta vida: la de realizar el Signo Ascendente. Estas son metas no elegidas por nosotros conscientemente. Podríamos llamarlas “Metas Kármicas”, y están presente en nuestra Carta Natal. Nunca terminaríamos de enfatizar suficientemente la importancia de la Astrología en un Camino de Crecimiento. Es nuestro mapa (o radiografía) interior. Nos dice sobre nosotros lo que nadie más podría decirnos, ni el más avispado clarividente.

Todas estas son metas trascendentes que deben estar siempre en nuestro pensamiento para no olvidar que vivimos en un proceso de evolución.





“Un camino de diez mil leguas, comienza con un solo paso”. (proverbio zen).

Toda meta, por distante o lejana que sea, comienza AHORA.

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Resulta útil ejercitarse en el cumplimiento de metas en pequeña escala. Lo llamaríamos “vivir metas cotidianas” y se refieren a la tercera dimensión y a nuestra vida diaria.

- Al despertar en la mañana, decidan que es lo que van a hacer durante el día,
visualizándose ustedes mismos en acción.

- Al final del día revisen cuánto pudieron cumplir de lo que decidieron hacer y si lo que
no realizaron fue por inconvenientes ajenos a su voluntad o por inercia - pereza –
flojera – o porque no se les dio la gana de hacerlo.

Al hacer la revisión nocturna y ver que hemos cumplido nuestras metas de la mañana, aumenta nuestra autoestima: “Si somos capaces en lo pequeño, seremos capaces en lo grande”.



Fernanda